Algunos de los miembros del equipo de dinerodesdecero.com somos grandes aficionados a la poesía, es por eso que aunque no tiene mucho que ver con el tema del sitio, no hemos querido dejar fuera esta bella afición, sobre todo partiendo de la base de que las cosas más importantes de la vida son gratis.

Asimismo consideramos que para poder apreciar y retener los beneficios económicos es necesaria una formación integral, y la cultura es básica dentro de ese esquema de formación.

Así que aquí te dejamos los primeros poemas que hemos seleccionado para ti. Que los disfrutes.

 

 

Calle con almacén rosado

 

Ya se le van los ojos a la noche en cada bocacalle

y es como una sequía husmeando lluvia.

Ya todos los caminos están cerca,

y hasta el camino del milagro.

El viento trae el alba entorpecida.

El alba es nuestro miedo de hacer cosas distintas y se nos viene

encima.

Toda la santa noche he caminado

y su inquietud me deja

en esta calle que es cualquiera.

Aquí otra vez la seguridad de la llanura

en el horizonte

y el terreno baldío que se deshace en yuyos y alambres

y el almacén tan claro como la luna nueva de ayer tarde.

Es familiar como un recuerdo la esquina

con esos largos zócalos y la promesa de un patio.

¡Qué lindo atestiguarte, calle de siempre, ya que miraron tan

pocas cosas mis días!

Ya la luz raya el aire.

Mis años recorrieron los caminos de la tierra y del agua

y sólo a vos te siento, calle quieta y rosada.

Pienso si tus paredes concibieron la aurora,

almacén que en la punta de la noche eres claro.

Pienso y se me hace voz ante las casas

la confesión de mi pobreza:

no he mirado los ríos ni la mar ni la sierra,

pero intimó conmigo la luz de Buenos Aires

y yo forjo los versos de mi vida y mi muerte

con esa luz de calle.

Calle grande y sufrida,

eres la única música de que sabe mi vida.

 

Jorge Luis Borges

 

¿Qué es lo que haces tan bello y brillante?

Hago el manto del Dolor:
Hermoso de ver a los ojos de todos
Será el manto del Dolor,
A los ojos de todos.

¿Qué construyes con velas para volar?

Construyo la barca del Dolor:
Veloz, día y noche, por los mares
Navega el Dolor errabundo,
Día y noche.

¿Qué tejes con lana tan blanca?

Tejo las sandalias del Dolor:
Nadie escuchará
El paso ligero del Dolor,
Súbito y ligero.

William Butler Yeats

 

El general Quiroga va en coche al muere [a la muerte]*

El madrejón desnudo ya sin una sed de agua

y una luna perdida en el frío del alba

y el campo muerto de hambre, pobre como una araña.

El coche se hamacaba rezongando la altura;

un galerón enfático, enorme, funerario.

Cuatro tapaos con pinta de muerte en la negrura

tironeaban seis miedos y un valor desvelado.

Junto a los postillones jineteaba un moreno.

Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!

El general Quiroga quiso entrar en la sombra

llevando seis o siete degollados de escolta.

Esa cordobesada bochinchera y ladina

(meditaba Quiroga) ¿qué ha de poder con mi alma?

Aquí estoy afianzado y metido en la vida

como la estaca pampa bien metida en la pampa.

Yo, que he sobrevivido a millares de tardes

y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas,

no he de soltar la vida per estos pedregales.

¿Muere acaso el pampero, se mueren las espadas?

Pero al brillar el día sobre Barranca Yaco

hierros que no perdonan arreciaron sobre él;

la muerte, que es de todos, arreó con el riojano

y una de puñaladas lo mentó a Juan Manuel.

Ya muerto, ya de pie, ya inmortal, ya fantasma,

se presentó al infierno que Dios le había marcado,

y a sus órdenes iban, rotas y desangradas,

las ánimas en pena de hombres y de caballos

 

Jorge Luis Borges

 

 

Canto trigésimo segundo

Hará unos veinte días puse una rosa en un vaso
encima de la mesita que hay junto a la ventana.
Cuando me di cuenta de que todas las hojas
se habían marchitado y estaban a punto de caer,
me senté frente al vaso
a ver morir la rosa.
Estuve un día y una noche esperando.
El primer pétalo cayó a las nueve de la mañana
y lo hizo en mis manos.
Nunca he estado junto a un lecho de muerte,
ni siquiera cuando murió mi madre.
Yo estaba de pie, lejos, al final de la calle.

Tonino Guerra

 

 

(…) “Renga: cadena de poemas, cadena de poemas – poetas, cadena de cadenas. Susurros, cuchicheos, risas sofocadas. Sequía, electricidad en las sedas, los metales, el papel en que escribo. De pronto, como una cortina que se desgarra, el tiempo se abre: aparece Marie Jo, Brenda, Luciana. Las mujeres disipan la tempestad en seco, ahora hablamos en voz alta, reímos, ascendemos a la superficie” (…)

Octavio Paz, Atlántico, mayo de 1969

***

.

III 7

.

CH. T. -Speech behind speech: language
that teaches itself under the touch and sight:
in the night-bound city, language of light
uncovers spaces where no spaces were;
between the image of it and your face:
language of silence; sufficiency of touch,
o my America, my new-found-land explored,
unspeaking plenitude of the flesh made word;

measure and dreams: trough the conduit of stone
the flux runs gleaming: rivermap of a hand:
stained-glass world contained by a crystal:
the faces inhabiting a single face,
Persephone, my city: from whose prodigal
ground, branches a tree of tongues, twining of voices, a madrigal.

***

.
III 7
.
CH. T. - Palabra detrás de la palabra: lenguaje
que a sí mismo se educa con el tacto y la vista:
en la ciudad anochecida, el lenguaje de la luz
descubre espacios donde no había espacio;
entre su imagen y tu rostro:
lenguaje del silencio –basta con el tacto,
Oh mi América, mi Terranova explorada,
muda plenitud de la carne vuelta palabra;
mesura y sueños por el canal de la piedra
fluir rápido, brillante: hidrografía de una mano:
mundo de vidrio pintado por un cristal contenido:
los rostros que habitan un solo rostro,
Perséfona, mi ciudad: brota de tu pródigo suelo
un árbol de idiomas, voces enlazadas, un madrigal.

Charles Tomlinson

Lo que nos habla aquí, nos alcanza por la extrema tensión del lenguaje, su concentración, la necesidad de mantener, de llevar lo uno hacia lo otro, en una unión que no forma unidad, palabras desde entonces asociadas, unidas por otra cosa que su sentido, solamente orientadas hacia-. Y lo que nos habla, en estos poemas las más de las veces muy cortos donde términos, frases parecen, por el ritmo de su brevedad indefinida, cercados de blanco, es que este blanco, estas interrupciones, estos silencios no son pausas o intervalos para permitir la respiración de la lectura, sino que pertenecen al rigor mismo, aquel que no autoriza más que un mínimo de relajamiento, un rigor no verbal que no estaría destinado a portar sentido, como si el vacío fuese menos una falta que una saturación, un vacío saturado de vacío. Y, sin embargo, no es quizás eso lo que yo retengo en principio, sino que un lenguaje así, a menudo tan duro (como en algunos poemas del último Hölderlin), no duro –algo estridente, un sonido agudo más allá de lo que puede convertirse en canto- no llegue nunca a producir una palabra de violencia, no golpee al otro, no esté animado por ninguna intención agresiva o destructiva: como si ya hubiese tenido lugar la destrucción de sí para que el otro sea preservado o para que se mantenga un signo fijado por la oscuridad.

.
Blanchot sobre Celan en : El último en hablar (pp 51-52).

 

 

Amada de charla dulce

Amada, de charla dulce
como quema omnipresente de brasa.
Tú eres de una oculta gloria
absorbente vocabulario.

La tierra tiende hacia la gloria
¡oh, de haber nacido más recto!
Pero sea así – no cual vagabundo,
cual pariente entraré en la lengua natal.

Ahora no los coetáneos de los poetas
todo el espacio de caminos, lindes y bacanales
hasta rimar Lermontov verano
y Puschkin ocas y nieve.

Yo quisiera que tras la muerte,
al apartarnos y alejarnos,
rimáramos los dos más estrechos
que la aurículas del corazón.

Que en el vínculo del acuerdo
tapásemos el oído con lo que nosotros mismos
bebemos y arrojarnos, y arrojaremos
por la boca de las hierbas.


El intento de arrancarte el alma

El intento de arrancarte el alma
a ti, como el lamento de un arco,
resuena aún atormentadamente
en los nombres Rsaksa y Muckap.

Igual que si tú fuese ellos
Igual que si tú fueses tú misma
con toda mi vanidad los adoro
llegando hasta la ofuscación

Como la noche, de brillar cansada,
como para el asma es la muselina,
como lo que ha temblado en el entresuelo
absorto en la contemplación de tus hombros.

¿De quién era aquel susurro en el amanecer?
¿Tal vez mío? No, tuyo con toda el alma,
se volatizaba en los labios
leve como una gota de alcohol.

¡Cómo se aclaraba el pensamiento entre las caricias!
Irreprochablemente. Como un gemido.
De pronto, por tres lados, a medianoche,
un promontorio iluminado de espuma.


Los pinos


En la hierba, entre las balsaminas,
ninfeas y camomilas del bosque
nos tumbábamos con los brazos detrás
y la cabeza vuelta hacia el cielo.

La hierba del sendero entre pinos
es espesa e impenetrable.
Cambiamos una mirada y de nuevo
variamos de postura y de lugar.

E inmortales algún tiempo, estamos,
a semejanza de los pinos, juntos,
y nos vemos libres del dolor
y de la enfermedad y de la muerte.

Con estudiada monotonía
como ungüento el espeso azul
se posa deslumbrante en tierra
y nos embadurna el vestido.

Dividimos la quietud del pinar
entre el tropel de las hormigas
respirando una somnífera mezcla
silvestre de limón con incienso.

Dividimos la quietud del pinar
entre el tropel de las hormigas
respirando una somnífera mezcla
silvestre de limón con incienso.

Enardecidos contra el azul
lánzanse los troncos de fuego,
no tenemos prisa por quitar
los brazos bajo la nuca.

La vista abarca tanto espacio
todo es tan dócil desde fuera
que en algún sitio tras los troncos
surge continuamente el mar.
Tras el remolcador, por las tardes,
el ocaso se arrastra sobre los corchos,
y se vierte en aceite de pescado
y en neblina leve de ámbar.

Oscurece, y paulatinamente
la luna sepulta todas las huellas
bajo la blanca magia de la espuma
y la magia negra del agua.


Boris Pasternak

 

 


Un poema

 


Veo a mi padre asomado a la ventana.
Sentado en el suelo del cuarto,
miro su espalda ancha. Aún no camino.
Qué hermoso es un padre
cuando, asomado a una ventana,
su espalda se recorta para el hijo.

Le deja impreso su mejor recuerdo.
Padre que encara el mundo,
primera puerta que nos da la infancia,
primer atisbo de que no todo es pecho.

Fabio Morabito


Fuente: Revista Letras Libres. Noviembre 2006

 

 

"Siempre tengo la esperanza de hacer un descubrimiento al conjugar dos colores complementarios, de su mezcla y su oposición, la misteriosa vibración de sus espíritus afines" - Vincent Van Gogh

 

"Mientras dure el otoño, no tendré manos, lienzos y colores suficientes para pintar las cosas tan bellas que veo"

 

-Vincent Van Gogh

 

 

perro

Un simple perro
caminando solo sobre una acera caliente
en pleno verano
parece tener más poder que
diez mil dioses juntos

¿por qué?


Bukowski, el amor es un perro infernal.

 

CAPÍTULO UNO

 

Era un verano extraño, sofocante, el verano en que electrocutaron a los Rosenberg y yo no sabía qué estaba haciendo en Nueva York. Les tengo manía a las ejecuciones. La idea de ser electrocutada me pone mala, y eso era lo único que se podía leer en los periódicos, titulares que como ojos saltones me miraban fijamente en cada esquina y en cada entrada al Metro, mohosas e invadidas por el olor de los cacahuates. No tenía nada que ver conmigo, pero no podía evitar preguntarme qué se sentiría al ser quemado vivo de la cabeza a los pies.
.....Pensé que debía de ser la cosa más terrible del mundo.
Nueva York, era bastante desagradable. A las nueve de la mañana la falsa frescura campestre que de algún modo rezumaba durante la noche, se evaporaba como la parte final de un dulce sueño. Color gris espejismo en el fondo de sus desfiladeros de granito, las calles tras las capotas de los coches se chamuscaban y brillaban y el polvo seco y ceniciento se metía en los ojos y en la garganta.
.....Seguí oyendo hablar de los Rosenberg por la radio y en la oficina hasta que ya no pude apartarlos de mi mente. Era como la primera vez que vi un cadáver.
.....Durante semanas, la cabeza del cadáver –o lo que quedaba de ella- flotaba entre los huevos con tocino de mi desayuno y detrás del rostro de Buddy Willard, principal responsable en principio de que lo hubiera visto, y no tarde en tener la sensación de llevar conmigo la cabeza del cadáver atada con una cuerda, como una especie de globo negro sin nariz que hediera a vinagre.

La campana de cristal, Sylvia Plath, Traducción de Elena Rius, Editorial pocket edhasa

 

 

Levanto suavemente una rama, el pájaro está allí incubando los huevos. Es pájaro que no echa a volar. Se estremece solamente un poco. Tiemblo ante la idea de hacerlo temblar. Temo que el pájaro que incuba sepa que soy un hombre, el ser que ha perdido la confianza de los pájaros. Permanezco inmóvil. Se apaciguan dulcemente - ¡o yo lo imagino!- el miedo del pájaro y mi temor de asustarlo. Respiro mejor. Dejo caer la rama. Volveré mañana. Hoy hay dentro de mí un gran júbilo: los pájaros han anidado en mi jardín. Y a la mañana siguiente cuando vuelvo, caminando por la avenida con más cuidado que la víspera veo en el fondo del nido ocho huevos de un color blanco rosáceo. Dios mío ¡qué pequeños son! ¡qué pequeño es un huevo de los matorrales!. He aquí el nido vivo, el nido habitado. El nido es la casa del pájaro. Hace mucho tiempo que lo sé, mucho tiempo que me lo han dicho. Se trata de una historia tan vieja, que vacilo en repetirla, en repetírmela. Y sin embargo, acabo de revivirla. Y recuerdo, con una gran simplicidad de la memoria, los días en que, en mi vida, he descubierto un nido vivo. ¡Qué raros son, en una existencia, estos recuerdos reales!

Gaston Bachelard, La poética del espacio.

El recuerdo del primer nido de pájaros que encontré yo solo, ha quedado grabado en mi memoria más profundamente que el del primer premio de traducción que gané en el colegio. Era un lindo nido verderón con cuatro huevos gris rosado cubiertos de vetas rojas como un mapa de geografía emblemática. Sentí enseguida un placer indecible que paralizó durante más de media hora mi mirada y mis piernas.

A. Toussenel, La monde des oiseaux, Ornithologie passionnelle, Paris, 1858 p.32.

La acacia en flor

Entre
la verde

rígida
vieja
brillante

quebrada
rama
llega

el blanco
suave
mayo

nuevamente

Alberto Girri

 

Andava su una nube

 

Nessuno lo vide cadere
Nessuno l'udì rantolare,
Riapparve adagiato in un solco,
Teneva la mani sul petto.

Gli chiusi gli occhi.

(La luna è un velo)

Parve di piume.


***

(Arriba iba una nube.)

Nadie lo vio caer,
nadie oyó su estertor,
apareció echado en un surco,
las manos sobre el pecho.

Cerré sus ojos.

(La luna un velo)

Parecía de plumas.



Giusseppe Ungaretti, Sentimiento del tiempo.

 

LA MUERTE DE LOS POBRES

Es la Muerte que consuela, ¡ah! y que hace vivir;

Es el objeto de la vida, y es la sola esperanza

Que, como un elixir, nos sostiene y nos embriaga,

y nos da ánimos para avanzar hasta el final;

A través de la borrasca, y la nieve y la escarcha,

Es la claridad vibrante en nuestro horizonte negro,

Es el albergue famoso inscripto sobre el libro,

Donde se podrá comer, y dormir, y sentarse;

Es un Ángel que sostiene entre sus dedos magnéticos

El sueño y el don de los ensueños extáticos,

Y que rehace el lecho de las gentes pobres y desnudas;

Es la gloria de los Dioses, es el granero místico,

Es la bolsa del pobre y su patria vieja,

¡Es el pórtico abierto sobre los Cielos desconocidos!

 

Charles Baudelaire

 

CXXIII

LA MUERTE DE LOS ARTISTAS

¿Cuántas veces tendré que sacudir mis cascabeles

Y besar tu frente ruin, triste caricatura?

Para acertar en el blanco, de mística natura,

¿Cuántos? ¡Oh carcaj mío! ¿Cuántos venablos perderé?

¡Consumiremos nuestra alma en sutiles complots,

Y derribaremos más de una pesada armadura,

Antes de contemplar la gran Criatura

De la cual el informal deseo nos llena de sollozos!

Los hay que jamás han conocido su ídolo,

Y estos escultores condenados y señalados por una afrenta,

Que van martillándose el pecho y la frente,

No tienen más que una esperanza ¡extraño y sombrío Capitolio!

Y es que la Muerte cerniéndose como un nuevo sol

¡Hará desplegarse a las flores de su cerebro!

 

Charles Baudelaire

 

 

Aire de nocturno
1919

Tengo mucho miedo
de las hojas muertas,
miedo de los prados
llenos de rocío.
Yo voy a dormirme;
si no me despiertas
dejaré a tu lado mi corazón frío

¿Qué es eso que suena
muy lejos?
Amor,
el viento en las vidrieras
¡amor mío!

Te puse collares
con gemas de aurora
¿Por qué me abandonas
en este camino?
Si te vas muy lejos
mi pájaro llora
y la verde viña
no dará su vino.

¿Qué es eso que suena
muy lejos?
Amor,
el viento en las vidrieras
¡amor mío!

Tú no sabrás nunca,
esfinge de nieve,
lo mucho que yo
te hubiera querido
esas madrugadas
cuando tanto llueve
y en la rama seca
se deshace el nido.

¿Qué es eso que suena
muy lejos?
Amor,
el viento en las vidrieras
¡amor mío!

Federico García Lorca.

 

241

Me gusta un aspecto de Agonía.
Porque sé que es verdad-
Los hombres no fingen Convulsiones,
Ni simulan Estertores-

Los Ojos se vidrian una vez – y eso es la Muerte-
E
s imposible aparentar
Las cuentas de la Frente
Por
la angustia doméstica ensartadas.


246

¡Caminar para siempre a Su lado-
La más pequeña de las dos!
Cerebro de Su Cerebro –
Sangre de Su Sangre-
Dos vidas – Un solo Ser – ahora-

Para siempre probar de Su destino-
Si dolor – la mayor parte –
Si placer – aparte mi porción
Para ese corazón amado –

Toda la vida – para conocernos-
A quien nunca podemos aprender-
Dentro de poco – un Cambio-
Llamado Cielo-
¡Absortos Vecindarios de Hombres-
Descubriendo lo que nos asombraba-
Sin el diccionario!


Emily Dickinson

 

Puede ser sin título.


Después de todo, estoy sentada bajo un árbol,
a la orilla de un río,
en una mañana soleada
Es un acontecimiento banal
y que no pasará a la historia.
Nada que ver con batallas ni pactos
cuyas causas se investigan,
ni con tiranicidios dignos de ser recordados.

Y sin embargo estoy sentada junto al río, es un hecho.
Y puesto que estoy aquí,
he tenido que venir de algún lado
y antes
estar en muchos otros sitios,
exactamente igual que los grandes descubridores
antes de salir a cubierta.

Hasta el momento más efímero tiene su pasado,
su viernes antes del sábado,
su mayo antes de junio.
Son tan reales tus horizontes
como lo de los catalejos de los almirantes.

Este árbol es un álamo enraizado desde hace años.
El río es el Raba que fluye desde hace siglos.
No fue ayer cuando unos pasos
formaron el sendero.
El viento , para disipar las nubes
tuvo antes que arrastrarlas aquí

Y aunque en los alrededores no pasa nada importante,
el mundo no es más pobre en sus detalles,
ni está peor justificado, ni menos definido.,
que en la época de las grandes migraciones.

El silencio no sólo acompaña a conspiraciones secretas.
Ni un séquito de causas a ceremonias de coronación.
No sólo se erosionan los aniversarios de las sublevaciones,
también envejecen lo guijarros en la orilla.

Complicado y denso es el bordado de las circunstancias.
Costura de hormigas en la hierba.
Hierba cosida a la tierra.
Diseño de olas sobre la que se enhebra un tallo.
Por casualidad estoy aquí y miro.
Sobre mí una mariposa blanca bate en el aire
unas alas que sólo a ella le pertenecen
y una sombra se m escapa a través de la mano,
no otra, no cualquiera, precisamente la suya.

Ante esta visión siempre abandona la certeza
de que lo importante
es más importante que lo insignificante



Wislawa Szymborska, de Fin y principio, 1993

 

PASAPORTE

¿Mujer de ideas? no, nunca he tenido una.
Jamás repetí otras (por pudor o por fallas nemotécnicas).
¿Mujer de acción? Tampoco.
Basta mirar la talla de mis pies y mis manos.
Mujer pues de palabra. No, de palabra no.
Pero sí de muchas palabras,
muchas, contradictorias, ay, insignificantes,
sonido puro, vacuo cernido de arabescos,
juego de salón, chisme, espuma, olvido.
Pero si es necesaria una definición
para el papel de identidad, apunte
que soy mujer de buenas intenciones
y que he pavimentado
un camino directo y fácil al infierno.


Rosario Castellanos, de Viaje redondo.


***


DE LA MUERTE, NO


Sálvenme de la vida,
Sálvenme de mi ojos
ya invadidos de gusanos,
de la herrumbre de mis huesos
y del alma.

Atrás doctores, hechiceros,
sacerdotes, oradores,
ideologías en acecho:
de morir, no.

Sálvenme de la vida eterna,
de las cosas que toco y miro,
sálvenme del amor y de mis
padres muertos,
sálvenme de este no-ser
en perpetua agonía.


José Revueltas




EL PENSAMIENTO OLVIDADO

Pensar en tu mirada y en mi olvido
dejando el pensamiento dilatado
a través de tus ojos, anegado
de su mismo vivir con tu sentido;

después mirar tu olvido que en mí se asoma
como una rosa que al espacio diera
leve prolongación y luego fuera
la propia luz que toca con su aroma,

es entregarme a ti sin más denuedo
que la lucha del cuerpo contra el viento,
y contigo soñando estar tan quedo

como náufrago mar o vano intento:
porque ya pensarte en mí no puedo,
dejo olvidado en ti mi pensamiento.


Alí Chumacero

VII

Escribo sobre la mesa crepuscular, apoyando fuerte la pluma sobre el pecho casi vivo, que gime y recuerda al bosque natal. La tinta negra abre sus grandes alas. La lámpara estalla y cubre mis palabras una capa de cristales rotos. Un fragmento afilado de luz me corta la mano derecha. Continúo escribiendo con ese muñón que mana sombra. La noche entra en el cuarto, el muro de enfrente adelanta su jeta de piedra, grandes témpanos de aire se interponen entre la pluma y el papel. Ah, un simple monosílabo bastaría para hacer saltar al mundo. Pero esta noche no hay sitio para una sola palabra más.

Octavio Paz, de trabajos del poeta, 1949.


¿Cómo seré yo cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro, otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo,
hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos-
qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.


Ángel González

 

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo arrastrarla lo bastante lejos
por encima de ti, hacia otras cosas?
Quisiera cobijarla bajo cualquier otro objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiera esparcirse.
Pero todo cuanto nos toca, a tí y a mí,
nos reune, lo mismo que una arqueada
extrae dos cuerdas, una sola voz
¿Sobre qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa, formando ese sonido?
¡Oh, Dulce canción!

Rilke

 

Se ha ido


Cuando el cuerpo me abandona
me hace sentir sola
Tengo
ojos, oídos
nariz y boca, y eso es todo

Ojos
siguen viendo el azul pluma del

cielo frío, boca ingiere
sopa caliente,
nariz

huele la escarcha,

oídos oyen todo, todos
los ruidos y ausencias,
pero cuerpo

se va a no sé dónde
y es de una soledad
ir a la deriva
sobre el espacio que
llena cuando está aquí

Denise Levertov, O Taste and See, 1960-1967

Las profundidades

Cuando se consume la blanca niebla

el abismo de luz eterna

queda revelado. Las últimas telarañas

de niebla en losabetos negros son escamas

de ceniza blanca en la chimenea del mundo.

Frío de mar es la contrapartida

de este gran fuego. Zambulléndonos

del frío ardiente del océano

entramos a un océano de intenso

mediodía. Sagrada salcentellea en nuestros cuerpos.

Cuando la neblina nos haya envuelto otra vez

en suave lana, que el gusto de la sal

nos recuerde las grandes profundidades (a)cerca

de nosotros.

Denise Levertov, The Jacob’s Ladder 1960-1967

"(…) El cansancio de una sociedad no implica necesariamente la extinción de las artes ni provoca el silencio del poeta. Más bien es posible que ocurra lo contrario: suscita la aparición de poetas y obras solitarias. Cada vez que surge un gran poeta hermético o movimientos de poesía en rebelión contra los valores de una sociedad determinada, debe sospecharse que esa sociedad, no la poesía, padece males incurables. Y esos males pueden medirse atendiendo a dos circunstancias: la ausencia de un lenguaje común y la sordera de la sociedad ante el canto solitario. La soledad del poeta muestra el descenso social. La creación, siempre a la misma altura, acusa la baja de nivel histórico. De ahí que a veces nos parezcan más altos los poetas difíciles. Se trata de un error de perspectiva. No son más altos; simplemente, el mundo que los rodea es más bajo. (…)".

:

Octavio Paz. El arco y la lira

 

Si la lengua es bella es porque un maestro la lava

 

Entramos en puntas de pie a la humedad de la rosa.

 

Lo que desconocemos es que la rosa sea rosa.

La rosa que se dobla con cada lamido.

La rosa que se ensucia y enjuaga por dentro.

La conjugación de los jugos, el verbo amargo y desnudo

que cupula y unta.

Entramos en puntas de pie al poema, como pidiendo permiso

como si se tratara de un sitio sagrado, un monasterio,

un templo, qué sé yo.

Encendemos la mecha del cirio y hablamos

en voz más bien baja

para que nadie nos escuche

batiendo y clavando la lengua de ésa

o esta manera.

 

David Bustos. Chile 1972.

 

 

A través de los abiertos postigos de la ventana entraba el aire de la primavera: Un aire que sabía a primer bocado de pan francés. En el patio cantaban los gallos y se oían voces de niños que jugaban. Cuanto más querían airear la habitación, más penetrante era el olor de la naftalina, que trascendía la ropa del invierno sacada de los baúles.
Con respecto a lo que se debía llevar y lo que, en cambio, convenía que se quedara, existía una verdadera teoría elaborada por aquellos que ya habían partido, cuyas instrucciones circulaban entre los amigos que se quedaron en la capital, y ya se habían hecho clásicas.
Tales instrucciones, expresadas en breves y categóricas indicaciones, estaban presentes con toda claridad en la mente de Antonina Alexandrovna, que tenía la impresión de oírlas llegar a ella desde el patio, junto con el gorjeo de los pájaros y la alegre chillería de los niños, como si una voz misteriosa se las siguiese desde la calle
.

El doctor Jivago, Borís L. Pasternak, Séptima parte: El viaje, p. 175-176.

 

 

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.

Cartas a un joven poeta, Rilke.

 

La Torre

I
¿Qué hacer con este absurdo
- oh corazón, oh perturbado corazón- esta caricatura,
esta decrépita edad que me ha sido atada
como a una cola de perro?

Jamás logré tener
una imaginación más fértil, más febril, más apasionada,
ni un oído u ojo que lo más imposible anhelara.
No, ni lombriz más humilde, subía en la espalda de Ben Bulben
y tenía para mí el día interminable de verano.
Parece que ahora tengo que pedir a la Musa que me deje,
elegir como amigo a Platón o Plotino
hasta que imaginación, ojo y oído
sólo encuentren solaz en discusión y trato
de lo abstracto; o aceptar que se mofen
cual si llevase una olla maltrecha en los talones.

II

Camino entre los almenares y poso la mirada
en los cimientos de una casa, o allí donde
un árbol, como un dedo negruzco, se yergue de la tierra;
y mi imaginación hacia delante lanzo
bajo los rayos del día que declina, convocando
imágenes, memorias
de ruinas o de árboles antiguos:
a cada cosa hay algo que yo preguntaría.

Allende la colina vivía la señora French.
Cierta vez, cuando los candelabros de plata
iluminaban vinos y la caoba oscura,
un sirviente que siempre adivinaba
los deseos de dama tan honrada
corrió con tijeras de jardín
las orejas cortó de insolente granjero
y las trajo en cubierta fuentecita de plata.

Algunos aún recuerdan de cuando yo era joven
la canción que alababa muchacha campesina
que vivía en un lugar por la loma rocosa,
y loaba los colores de su rostro
y aún más la elogiaba al recordar
que cuando iba a la feria los granjeros
se empujaban por verla;
tal gloria confería la canción.

Y algunos, enloquecidos por los versos
o por brindar por ella muchas veces,
se levantaron de la mesa declarando sensato
probar la fantasía con la vista,
y el brillo confundieron de la luna
con la prosaica claridad del día
- la música les había quitado la razón-
y uno se ahogó en la ciénega de Cloone.

Extraño, quien la canción hiciera era ciego.
Con todo, ahora que lo he considerado, hallo
que nada tiene de extraño. La tragedia comenzó
con Homero que también era ciego,
y Elena lo traicionó a tantos corazones palpitantes.
Oh, que sol y luna puedan parecer
un solo rayo inextricable, pues si triunfo
yo debo enloquecer a los hombres.

Yo mismo he creado a Hanrahan,
y en ebriedad o sobrio llevélo por alba
de algún cercano a las cabañas.
Apresado en las trampas de algún viejo
trastabilló, dio tumbos, anduvo a tropezones de aquí a allá
y sólo tuvo rodillas rotas como pago
y el esplendor horrible del deseo.
Todo esto lo pensé hace veinte años

Se jugaba a las cartas en el establo,
y llegándole el turno al antiguo rufián
de tal modo hechizólas en sus dedos
que todas, menos una, tornábanse
jauría de lereles antes que cartas
y a aquella en liebre convertía.
Narran levantóse frenético entonces
y a esas criaturas que ladraban siguió.

¿Hacia dónde? Ya lo olvidé: ¡mas basta!
Debo evocar a un hombre a quien nada alegraba,
ni música, ni amor, tampoco la coartada
oreja enemiga –en tal acoso vivía-,
figura ya tornada tan fabulosa
que no quedó vecino que pudiera decir
cuando su día de perro terminara:
antiguo amo fallido de esta casa.

Antes de que esa ruina les llegara, por siglos,
rudos guerreros, con vendas trenzadas hasta las rodillas
o calzados de hierro, subieron las angostas escaleras;
y había ciertos guerreros cuyas imágenes
en la gran Memoria conservadas,
vuelven dando voces y con pechos jadeantes
a turbar el descanso del durmiente
mientras sus grandes dedos golpean en la mesa.


Y ya que a todos interrogaría, que vengan los que puedan:
el viejo, necesitado, hombre a medio hacer;
que venga el ciego confuso celebrante de lo bello;
el hombre rojo malabarista enviara
por esos prados olvidados de Dios. Y la señora French
con el regalo de la oreja delicada,
y el ahogado en la ciénega
cuando Musas burlonas eligieron a la joven campesina.


¿Acaso viejos hombres o mujeres, pobres o ricos, hollaron
estas rocas y pasaron esta puerta
pública o secretamente indignados
como yo ahora contra esta vejez?
Pero hallé una respuesta en esos ojos
que se impacientan por partir;
marchaos entonces, pero dejad a Hanrahan
pues necesito todos sus poderosos recuerdos.

Tú viejo libertino, en cada sitio un amor,
saca de esa mente, profunda y cavilante ,
aquello que en la tumba descubriste
pues es seguro que guardaste en cuenta
cada aventura inesperada, ciega,
que tentadores ojos o suspiros
o caricias atrajeron
hacia aquel laberinto de otro ser.

¿Demórase más la imaginación
en la mujer ganada o en aquella perdida?
Si en la perdida, admitid que os apartáis
de un laberinto enorme por orgullo,
o cobardía, o alguna necia sutileza
o algo que una vez llamara conciencia;
y si retorna la memoria, el sol
entra en eclipse y el día se oscurece,

III

Es hora ya de hacer mi testamento
Elijo a aquellos hombres bien erguidos,
aquellos que remontan las corrientes
hasta sus mismas fuentes
y acechan el cebo del alba
junto a una gota que gotea. Y declaro
serán los herederos de mi orgullo.
El orgullo de quienes nunca fueron
prisioneros de Causas o de Estado,
y digo: No, a los esclavos escupidos
y al tirano que escupió.
Estoy por la gente de Grattan y de Burke
quienes dijeron –que rehusar podían-
orgullo igual del día naciente,
cuando la franca luz es libre todavía;
tal vez como ese orgullo del fabuloso cuerno
o de algún aguacero repentino
cuando toda corriente se halla seca;
el orgullo de esa hora cunado el cisne
fija sus ojos en un resplandor se desvanece,
flota hacia un largo
tramo de brillo en la corriente
y allí canta su última canción.
Y declaro mi fe:
me río de las ideas de Plotino
y grito a las barbas de Platón:
la vida y la muerte no existían
hasta que el hombre un día
desde su amargo corazón
las concibiera por entero.
Sí, y hasta el sol, la luna y las estrellas,
y además agregad a eso
que los muertos nos levantamos,
soñamos y así creamos
translunar Paraíso.
He hecho ya las paces
con eruditas cosas italianas
y las altivas piedras de Grecia,
imaginaciones de poeta
y memorias del amor,
memorias de palabras de mujer,
todas aquellas cosas de las que hace
el hombre un sobrehumano sueño
semejante a un espejo.

Tal como ese hueco
los grajos parlotean y gritan
y dejan caer ramitas
y al subir hasta el tope
el ave madre descansando
desde su cima hueca
calienta el nido agreste.

Dejo mi fe y orgullo
a los jóvenes probos
que suben la montaña;
que cuando rompa el alba
puedan echar sobre su cebo,
Yo era de igual metal
hasta que fue quebrado
en sedentario oficio.

Ahora debo edificar mi alma,
exigiéndole estudio
en una sabia escuela
hasta que la ruina corporal,
la lenta decadencia de la sangre,
los hoscos delirios,
la torpe decrepitud,
o un peor mal llegue
- la muerte de los amigos, o la muerte
del brillo de los ojos
que una vez detuvieron nuestro aliento-
parezcan esas nubes en el cielo
cuando el horizonte se oscurece,
o el canto soñoliento de algún ave
entre las sombras que se ahondan.

William Butler Yeats

Ha llegado el mes más temido. Quiero trabajar mucho, aunque para nada. Pero quiero estar bien para estar en condiciones de ayudar a mi madre.
Todo lo malo se volvió real.
Imposible leer y escribir. Angustia por no haber empezado a trabajar.
El trabajo y mi madre.

13 de febrero

Aparentemente es el final. Quiero morir. lo quiero con seriedad, con vocación íntegra.

9 de octubre

Van cuatro meses que estoy internada en el Pivorano.
Hace cuatro meses intenté morir ingiriendo pastillas.
Hace un mes, quise envenenarme con gas.

Las palabras son más terribles de lo que sospechaba. Mi necesidad de ternura es una larga caravana,
En cuanto al escribir, sé que escribo bien y eso es todo. Pero no me sirve para que me quieran.

Decir que me abandonaste sería muy injusto, pero que me abandonaron ,
y a veces me abandonaron terriblemente, es cierto.

KAFKA

*En Argentina es el mes de vacaciones de médicos y psicoanalistas.

Alejandra Pizarnik. Diarios, Editorial Lumen. P. 502.

Apunte callejero

En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.
Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda...
Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.

Oliverio Girondo, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía


***

1

No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar pierden el tiempo las que pretendan seducirme.
Ésta fue—y no otra—la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres
¡Con que impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo,  Espantapájaros (Al alcance de todos)




¡Azotadme!

Aquí estoy,
¡Azotadme!
Merezco que me azoten.
No lamí la rompiente,
la sombra de la vacas,
las espinas,
la lluvia;
con fervor,
durante años;
descalzo,
estremecido,

absorto,
iluminado.

No me postré ante el barro,
ante el misterio intacto del polen,
de la calma,
del gusano,
del pasto;
por timidez,
por miedo,
por pudor,
por cansancio.

No adoré los pesebres,
las ventanas heridas,
los ojos de los burros,
los manzanos,
el alba;
sin restricción,
de hinojos,
entregado,
desnudo,
con los poros erectos,
con los brazos al viento,
delirante,
sombrío;
en comunión de espanto,
de humildad,
de ignorancia,
como hubiera deseado...
¡como hubiera deseado!

Oliverio Girondo,  Persuación de los días





Yolleo

Eh vos
tatacombo
soy yo

no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz aquí yollando

con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé
y tanto
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre
siempre yollando y yoyollando siempre
por qué
si sos
por qué dí
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde

y hasta cuando.

Oliverio Girondo, de En la masmédula

 

Tadeusz Rózewicz:

De repente

De repente vi en el periódico
algo que recordaba a un poema

letras palabras
que recordaban
a otras palabras
parecidas a éstas

algunas metáforas
entrañas de papel
cuadros recogidos
en el basurero de la historia
en el basurero de la poesía

las manchas las palabras
pululaban
en el papel
del periódico
huían de sí mismas

había allí el nombre y el apellido
de un autor el mismo nombre
y apellido
es él pensé
es él no es él

comencé a leer
otra vez
desde el principio
pero no entendí
no entendí nada
como si me hubiera marchado
lejos de este lugar
de esta lengua
de mí mismo

noviembre 1982


Revista la Tempestad No. 51, Pag 151

 

El universo se investiga a sí mismo.

Y la vida es la forma
que emplea el universo
para su investigación.

La flecha se da vuelta
y se clava en sí misma.
Y el hombre es la punta de la flecha.

El hombre se clava en el hombre,
pero el blanco de la flecha no es el hombre.

Un laberinto
sólo se encuentra
en otro laberinto.

(V - 45)  Roberto Juarroz


5

Esos niños que cantan en piedra un
silencio de piedra esos
pequeños hicieron flores
de piedra que se abren para

siempre esos niños silenciosa
mente pequeños son pétalos
su canción es una flor de
siempre sus flores

de piedra cantan
silenciosamente una canción
más silenciosa
que el silencio esos siempre

niños para siempre
cantan con guirnaldas de cantantes
flores niños de
piedra de ojos

florecidos
saben si un
pequeño
árbol oye

para siempre a los siempre niños
cantando para siempre
una canción de silencio de piedra
de canto.

e. e. Cummings

A la luz poca
del convulso relámpago
cuento las gotas
de lluvia cayendo
sobre las hojas negras.

Raize Tamehide

I

El temblor de mis labios/
quiero decir: el temblor de mis besos
se oirá en tu pasado
conmigo en tu vino/

abriendo la puerta del tiempo/
tu sueño
deja caer lluvia dormida/
dame tu lluvia/

me detendré/ quieto
en tu lluvia de sueño/
lejos en el pensar/
sin temor/ sin olvido/

en la casa del tiempo
está el pasado/
debajo de tu pie/
que baila/

Juan Gelman

Apolo antiguo.

Igual que  a veces, entre las ramas negras
trasluce una mañana, de pronto, en primavera,
así en su caudillo nada hay que resguarde
el resplandor casi mortal con que nos heriría

toda poesía. Puesto que sombra alguna oscurece
todavía su mirada, y a sus sienes demasiado lozanas
no les importan los laureles. Pero algún día, más tarde
veremos surgir y erguirse, tal vez,
de sus cejas el alto rosal
cuyos pétalos flotarán, dispersos y sueltos,
sobre unos labios estremecidos

Sobre esos labios, inmóviles aún, nuevos, brillantes

que sólo beben un poco en su sonrisa
como si alguien les infundiera sus cantos futuros.

Rilke.

Auf hoher see

París, la barquichuela, está anclada en el cristal:
así comparto mesa contigo, brindo por ti
Bebo mucho, hasta que mi corazón se oscurece,
mucho, hasta que París sobrenada en su lágrima
mucho, hasta que toma el rumbo del lejano velo
que nos oculta el mundo donde cada tú es una rama
de la que cuelgo como una hoja que calla en suspenso.

Paul Celan

Suite pastoral
(Dos fragmentos)

I

También esta mañana
huyendo sobre peldaños de nubes
en los ríos de cristal susurrante
cantando al ciervo del alba
bajando el anzuelo centelleante del paisaje

tu reposo tras tu sueño tras el mudo abrazo del alba
tu reposo mi más desnuda sombra
(desnuda contra tu más desnuda tierra)
tu reposo mi sueño sin reposo en la cuna de las olas

también esta mañana la verde alfombra del sol
los pájaros que bajan a beber en tu cuerpo
donde el instante nace en el pecho del vidrio

también esta mañana las flautas del deseo
como fuentes vivas brillando ondeando
hacia el cenit en el silencioso juego

también esta memoria de amarga dicha
esparciendo en mi puño
la honda sal del mar

II

Nuestro día nuestro andar en el campo del cielo
con la espiga blanca del sol y su lenteja
con un corazón quebrado vuelto pan
una gavilla vuelta fuego
sueltas y juntas nuestras sombras

Nuestro andar de día en un viento de plata
en el bosque una sola hoja
sólo un vado para el torrente de la sangre
hacia el roble más viejo del mundo
con un follaje como recién nacido

Nuestro día que desanuda los nudos del invierno
nuestra ala que mece al horizonte
nuestro mar de columnas blancas
nuestro mar de relámpagos de plata acuñada
y diamante de lluvia de sol
nuestro mar con su cinto de eternidad
nuestra ola de piel de punta de los dedos

tú eres el anteojo con que miro lejanías
tú eres el vértigo de ver
y la fuente en el centro del mar
y la boca de sol de diamantes
la lejanía de pronto cercanía
el vestido blanco de la irrealidad
la resaca del sin fin
al llegar a mi puerto como una veleta

Abandono y momento.

Erik Lindegren.

La tetera al té
Todo aún está por venir

Aquí todo comienza.
El principio de todo está aquí.
Sin embargo, seguimos adelante.
Aquí no te preguntan,
quién eres ni de dónde vienes.
Todo está claro.
El lugar
donde te has liberado de las preguntas inoportunas
está precisamente aquí. Sin embargo, seguimos adelante.
Aquí se respira fácil y libremente,
el mejor de los descansos está aquí.
Pero hay que seguir adelante.
Aquí donde la mirada caiga
todo es hermoso,
lo que no capta el oído —es un dulce canto,
lo que diga cualquiera, es la verdad.
Sin embargo seguimos adelante.
Aquí ya todo es diferente.

LEV RUBINSHTEIN (1947), revista cultural Alforja XXX, otoño 2004.
Poesía rusa en el cruce de dos siglos
Coordinadores: Ludmilia Biriukova y Jorge Bustamante García

 

 

 

 

Se cuenta en el Mohadara y es la simple historia de un sueño. "Pasaba yo una vez la noche en compañía de un grupo de santos devotos en la calle de los Candiles, en El Cairo. Recliné mi cabeza sobre mi almohada y me puse a componer mentalmente unos versos. De pronto Abdala el de Morón me despertó y me dijo: "¡Tú no duermes! ¡Lo que haces es componer una poesía!". Levanté yo entonces mi cabeza y le dije: "Y ¿de dónde te has sacado eso?". Él me respondió: "Porque te he visto en sueños anudar una red".

José Ángel Valente, Variaciones sobre el pájaro y la red

 


Algo de realidad.

Te acuerdas, Loleh, en Alicia en el país de las maravillas,
Tweedledee cuando explica a la niña
que ella existe sólo porque el rey la sueña.
Si el rey se despierta amenaza Tweedledee ¡bang!
vas a evaporarte como cuando soplamos una vela,
pero es verdad que existo, dijo Alicia llorando
Está también Platón, su historia de la caverna y Chuang-Tzé
que sueña que es una mariposa
y se pregunta a sí mismo cuando despierta si no será
una mariposa que sueña ser Chuang-Tzé
Está además Descartes, y la posibilidad de que todo no sea
más que una jugarreta de un genio malo, y el otro,
el irlandés que querría despertarse por fin
de la pesadilla de la Historia.
Quizá
s después de todo yo sólo he soñado
que camino junto a ti, si sueño que te amo,
si sueño que soy yo que sueño que tú existes,
¿quién se despertará al final de mi sueño?
Pero el viejo sabio chino sonríe dulcemente
me sosiega, yo podría aceptar la idea
de que nada bueno me hubiese ocurrido nunca de verdad,
pero que Loleh no haya existido encuentro la cosa improbable.
Sí, tú estás aquí y el viejo maestro chino murmura,
si no existe nadie más que yo, no existe nada de mí.

Claude Roy

 

 

Imán

En el cuarto en penumbra, el cerco de la lámpara
arde sobre la página, en los dedos
que aferran al cuaderno, recogidos,
y trazan nuevos signos con serena mudez.

La calle es la moldura de otro silencio. Nadie
bajo los sauces, bajo la farola
tibiamente alumbrada, en el frescor
de esta noche de junio, de esta noche en que velas.

Deslumbra más que el foco, el blanco de la página.
El tiempo es apenas tu mano absorta.
Y más allá del cuarto está la noche
que imanta cuanto escribes, cuanto vino a escribirte.

Jordi Doce, Letras Libres Abril 2000, Año II, Número 16, Pág. 47.

 

 

"Música de Cámara (1907) posee desde el título dos niveles que predominarán en los poemas del libro: la elegancia formal y la realidad escatológica. El libro puede parecer libidinoso o perverso: la causa surge de la incompatibilidad de forma y sentido. Hay perfección en rimas y aliteraciones. Su tradición métrica no corresponde con la visión irónica del amor, heredada de los isabelinos y de los poetas de los yellow nineties." (...)

Lilia Barbachano.


úsica de Cámara.

I

Cuerdas en la tierra y en el aire
hacen dulce música:
cuerdas cerca de río
donde los sauces se acogen.
Hay música a lo largo del río pues ahí vaga el amor,
pálidas flores en su manto
oscuras hojas en su cabello.

Todo suavemente tañendo,
con la cabeza inclinada hacia la música,
y dedos extraviados
sobre un instrumento

II

El crepúsculo cambia del amatista
a un intenso y más intenso azul,
el farol ilumina con un pálido brillo verde
los árboles en la avenida.

El viejo piano toca un aire
sosegado y lento y alegre;
ella se dobla sobre las amarillas claves,
su cabeza vuelta hacia el camino

Tímidos pensamientos y solemnes ojos
grandes y manos
que vagan como quieren.
El crepúsculo se torna en un oscuro azul
con claridades de amatista.

(…)

James Joyce.

 


ESTOY solo, coloco la flor de ceniza
en el vaso lleno de negrura madura. Boca de hermana,
dices una palabra que sobrevive ante las ventanas
y en silencio trepa por mí lo que soné.

Estoy en flor de la hora marchita
y ahorro una resina para un ave tardía:
lleva el copo de nieve en pluma rojo vida;
con el grano de hielo en el pico atraviesa el verano.

Paul Celan

 

El amante dice de la rosa en su corazón

Todo lo feo y lo gastado, y lo roto y lo marchito,
el llanto de algún niño en el camino, el crujir de un carro
pesado,
el fatigado andar del labrador chapoteando el lodo invernal,
agravian tu imagen que hace florecer una rosa en lo hondo de
mi corazón.
Y es tan grande el agravio de lo torpe que no puede expresarse;
ansío construir todo de nuevo y sentarme en mi otero,
con cielo y tierra y agua renovados, igual que una urna de
oro,
para mis sueños de tu imagen que hace florecer una rosa en lo
hondo de mi corazón.


William Butler Yeats

 

La escritura, cuando se realiza sobre el borde impreciso - quiero decir: no claramente visible - de su propio fluir, de su propio subrayado materialista, forja casi siempre una relación, asimismo imprecisa o no siempre visible, con la no escritura o la ausencia de texto. Escribir sería una proposición no siempre, entonces, relacionada con una gestión activa, visible, gestual de signos en la página, ya que la decisión de "no escribir" deja lugar a una ausencia de texto que es la definición inversa del texto mismo, de la presencia de texto. Si, en otro lugar, la reflexión pudo hacernos pensar que "sólo la lectura existe", es decir, la lectura como la operación esencial (o mejor, como la operación "única"), escribir no tiene otro sentido que como lectura del texto del mundo. En un lugar Maurice Blanchot ha dejado escrito: "Hay dos escrituras, una blanca y otra negra, una que vuelve invisible la invisibilidad de la llama sin color, otra a quien la potencia del fuego negro vuelve accesible en forma de letras, caracteres y articulaciones". El texto forja una ecuación de palabra y silencio. El poema intercambia niveles entre esos datos de la ecuación, es decir, como tejido o como trasiego de palabra y silencio. Y el texto mismo, en su conjunto, con la ausencia de texto. El "texto blanco" a que Blanchot alude es, sin duda, ese texto que parece promovido por el silencio, pero cuyo sentido último es promover el silencio esencial, aludir a ese blanco, a esa ausencia de texto.Cuando escribir es "leer el texto del mundo" (cuando, en fin, "escribir es vincularse con la imagen", como afirma Blanchot), la escritura se postula como un "borrar" o "tachar" lo leído, un ejercicio de deconstrucción del mundo. Anverso y reverso, palabra y silencio, haz y envés de la hoja verbal.Escritura como negativo de la escritura. Texto y ausencia de texto forjan la "escritura blanca", la que en su materialidad contiene la ecuación palabra y silencio, de ausencia y de presencia. La "escritura blanca" es fenomenológica, metalingüística, aunque su objeto ("motivo de florón o viñeta invisibles (sic), en la imagen mallarmeana) dirija o reenvíe a otro lugar la expectativa, a tensión del sentido.Deconstrucción del mundo: el texto es negativo.


(En Andrés Sánchez Robayna, La luz negra, Ed. Júcar, 1985)

 

"Y llegó el granizo. Todos los días, durante tres horas, repiqueteaba sobre el tejado del castillo hasta que rompió casi toda la pizarra, y luego corría dando vueltas y más vueltas por el jardín tan deprisa como podía. Iba vestido de gris, y su aliento era como el hielo."

.

Oscar Wilde. El ruiseñor, la rosa y otros cuentos.

Abismo llama a abismo


Pasé en Jerusalén días de rosas
qué es Jerusalén sino un barrio tras otro.
Fui a ella de niña y al cabo de los años
como una criatura extraña.
Estuve sola
en una casa ajena
los ojos levanté hacia las montañas
buscando ayuda.

Las nubes se daban la mano ante mis ojos
abajo alborotaban los oscuros cipreses.
De los confines de occidente de pronto
se abalanzó un asombroso pedazo de sol.

Mi añoranza me inundó como el mar
serrándome el cerebro como un grillo,
zumbando en mí como enjambre de abejas
en mi gran borrachera

Ravikovitch

 

(La Articualación Rítmica y A propósito de Howl. Entrevista a Allen Ginsberg publicada en el N° 37 de Paris Review)

La poesía es la articulación rítmica de la emoción. La emoción semeja un impulso que despierta en nosotros algo parecido a un impulso sexual. La emoción parte del hueco en el estómago, sube por el pecho y después se va por la boca y los oídos en forma de una queja, de un gruñido o simplemente de un suspiro. Y si se la expresa por medio de palabras husmeando, mirando, tratando de describir lo que hace a uno suspirar, y suspirar, y suspirar con palabras, entonces se exterioriza la emoción. Es muy simple. De hecho , lo que acontece, lo que pasa en la más favorable de las perspectivas, es que surge un ritmo preciso pero sin palabras precisas, salvo quizá una o dos , una o dos palabras claves que se adaptan a él. En el momento de ponerme a escribir, encuentro mediante un simple proceso de asociación, la continuación de esa notación, lo que se puede reunir en torno a esa palabra, lo que el vocablo nos evoca.
En general, mientras estoy componiendo, paso a paso, palabra a palabra, adjetivo a adjetivo, cuando llega todo espontáneamente, no sé si quiera si lo que escribo tiene algún sentido. A veces lo pienso y me echo a llorar. Entonces sé que logro llegar a esa zona necesariamente auténtica. Y en una medida universalmente aplicable, universalmente comprensible y capaz de sobrevivir al tiempo, capaz de de atraer a un lector y de emocionarle quizá durante varios siglos. En esa medida, profética, porque comienza a vibrar una cuerda común… ¡profético no quiere decir que prevea la fecha de lanzamiento de la bomba! Sino que se sabe y sentir dentro de cien años. Quizá se haya encontrado la formulación secreta y concreta que será apreciada todavía dentro de cien años.

La mariposa

I

¿Decir que tú estás muerta?
Tan sólo viviste una jornada
Cuánta tristeza hay en la broma del Creador
Apenas puedo articular –vivió-:
Unidad de la fecha de nacimiento
Y cuando en mi mano te deshiciste.
A mí me desconcierta restar
Una de las dos cantidades
A los confines del día

II

Después que los días para nosotros
No son nada –sólo nada-
No los atrapas
Y de pitanza para los ojos no los tendrás:
Ellos
En el fondo blanco
No tienen cuerpo, son invisibles
Los días son como tú
Exactamente ¿qué puede pesar
Disminuido diez veces
Uno de estos días?

III

¿Afirmar de lleno que no existes?
¿Pero qué es mi mano
Algo tan similar a ti?
¿Y el color? Que no es fruto del ser
¿De quién es este soplo
Que así se unta en la pintura?
Dudo que yo
Balbuceando un nudo de palabras
Ajenas al color
Pudiera delinear esta palestra

IV

En tus alitas hay
Pupilas, pestañas, ninfas o aves.
¿Fragmentos de qué rostros es este retrato volador?
Dime de qué partes y pizcas tu casualidad
Aparece una naturaleza muerta:
De qué cosas, quizás frutos,
Incluso el trofeo
Extendido de la pesca

V

Es probable que seas un paisaje,
Si tomas la lupa
Encuentro al grupo de ninfas,
Al embrujo, a la playa
¿Es tan claro all como en el día
O tan abatido como la noche?
¿Qué estrella se encendió en la bóveda celeste?
¿De quién son estas figuras?
¿Dime
De qué naturaleza
Todo el paraje se hizo?

VI

Pienso: tú eres
Esto y lo otro
Tienes rasgos de astro, rostro, objeto
¿Quién fue el orfebre
Que sin arrugar el ceño
Engarzó en miniatura
Los rasgos de este mundo?
Que enloquece.
¿Quién nos tomó entre sus pinzas:
Donde tú eres el pensamiento sobre la cosa
Y nosotros la cosa misma?

VII

Dime
Para qué este arabesco
Te fue dado sólo un día
En el confín de los lagos
¿A quién esta amalgama
Reservará espacio de antemano?
Quitándole la posibilidad
El corto tiempo
De caer en la red
Estremecerte en la palma de la mano
Y en el instante de la persecución
Deslumbrar a la pupila

VIII

Tú no me respondes
Y no es por timidez
Y no es por algún mal
Y no es por estar muerta.
Pues a cada criatura
-Viva o muerta-
En señal de parentesco
Se donó una voz:
Para el entendimiento, el canto,
La prolongación de un instante
Un día

IX

Estás privada del empeño
Pero hablando con rigor: es mejor así
Para qué tener deudas con el cielo
En qué recuento no te aflige
Si tu siglo y tu peso son dignos del silencio
El sonido también pesa
Pero tú eres más incorpórea
Y más insonora
Que el tiempo.

X

No alcanzaste a vivir
Hasta sentir el miedo.
Más fácil que el polvo te ensortijas
Sobre el tiesto
Estás fuera de lo transcurrido
Del pasado del porvenir con sus ahogos
Parecidos a la Cárcel.
Po
r eso cuando vuelas hacia el prado
Soñando libar
El mismo aire –de pronto-
Toma forma.

XI

Así la pluma se desliza
En la suave blancura del abismo del cuaderno
Sin conocer el destino de su línea
(Donde el saber y la herejía se enredaron)
En sus dedos
Se bate el habla
Muda por completo:
No quita el polvo acumulado de la flor
Más sí el peso de los hombros.

XII

Esta belleza
Y su fecha tan pequeña
Uniéndose a esta conjetura
Tuerce la boca
Sin decir-claro-
Que en realidad
el mundo fue fundado sin objeto
Y si lo tiene
No somos nosotros.
Amigo entomólogo:
Para la luz no hay agujas
Y no las hay para las sombras

XIII

¿El Adiós
Es la forma de los días?
Hay quien con sus razones
Quiere cortar el limo del olvido
Pero mira
La culpa de esto es que a su espalda
No carga días de mutuas sábanas
Ni espesos sueños
Ni pasado
¡Pero mira el nubarrón de tus hermanas!

XIV

Tú eres mejor que la Nada
Más
verdadera, más cercana
Más visible.
En el fondo eres su familia:
En tu vuelo alcanzó la encarnación
Y por ello
En el tumulto cotidiano
Eres digna de la mirada
Como ligera barrera
Entre Ella y yo.


Joseph Brodsky

Esto es sólo para decirte:
Me he comido
las ciruelas
que estaban
en la heladera
Y que tú
a lo mejor
guardabas
para el desayuno

Perdóname
estuvieron deliciosas
tan dulces
y tan frías.

William Carlos Williams

 

Me dieron el cuerpo

Me dieron el cuerpo - ¿qué hago con él
Tan unido, tan mío, tan fiel?

¿A quién agradecer la alegría silenciosa,
díganme, de vivir y respirar?

Yo soy jardinero y también soy flor
No estoy solo en la prisión del mundo.

En el cristal de la eternidad se imprimió
Mi aliento y mi calor.

Sé grabar en él un arabesco
Desconocido hace poco.

Ojalá lo empañado del instante se derrame
Y el dibujo querido no se borre.

Osip Mandelhstam (1909)

"Numerosos pasajeros se quedaban allí. Era su último destino. Una muchacha que dormía cerca de mi hamaca me sonrió al despedirse: "No nos veremos nunca más, señor". Apenas había cambiado un par de frases en las jornadas anteriores y ni siquiera sabía su nombre, pero su adiós me produjo cierta melancolía. ¿Cómo explicarlo? Percibí de pronto, casi en carne viva, cómo mi presencia en el mundo se acortaba un día más."

Javier Reverte, "El río de la desolación"

 

Mañana gris

Se abren bocas grises
en la plancha
redonda del mar

Tragan nubes grises
las bocas silenciosas del mar

Dormidos los peces
en el fondo
están

Colocados en nichos
el cuerpo frío horizontal
duermen todos los peces
del mar

Uno, bajo una aleta
tiene un pequeño
sol invernal

Su luz difusa
asciende
y abre una aurora pálida
en cada boca gris del mar

Pasa el buque
y los peces
no se pueden despertar

Gaviotas trazan signos de acero
sobre la inmensidad.

Alfonsina Storni, Mundo de siete Pozos, Poesía Selecta.

 

 


A MIS VERSOS ESCRITOS PRONTAMENTE,


cuando no sabía que yo era poeta,
surgiendo como chorros de fuente,
como chispas de cohetes violetas,

diablillos irrumpiendo a sus suerte
en el santuario en incienso dormido,
a mis versos de juventud y muerte
- ¡versos por nadie leídos!-

(¡que nadie compró, ni ha comprado!),
dispersos en el polvo de las librerías,
a mis versos, como a los vinos preciados
les llegará su día.

Marina Tsvetáieva Mayo de 1913. Koktebel


POR INFOLIOS NEFANDOS
nunca tentados fueran
las mujeres. – Ars amandi
de ellas – toda la tierra.

El corazón - filtro es
de filtros – fiel el más.
Ya en la cuna la mujer
es pecado original.

¡Ah, tan lejos del cielo querido!
Los labios – en la calina cerca …
¡Díos no juzgues! - ¡Tú, no has sido
una mujer en la tierra!

Marina Tsvetáieva 29 de Septiembre de 1915


POR LAS NOCTURNAS TORRES
por plazas pasamos volando.
¡Ay, el llanto de la noche
de los jóvenes soldados!

¡Truena sonoro, corazón!
¡Amor, besa ardiente!
¡Ay, este llanto feroz!
¡Ay, sangre insolente!

Mi boca - pleno verano,
aunque santa es - la vista.
y enciende el candelero,
para que ahora no ocurra
contigo – lo que yo quiero.

Marina Tsvetáieva 31 de Marzo de 1916


TRAS LA NOCHE DE INSOMNIO EL CUERPO ES DÉBIL
se vuelve dulce, no es de nadie - ni de sí
En las venas lentas aún las flechas duelen –
y se sonríe a la gente como un serafín.

Tras la noche de insomnio débiles son las manos
y totalmente indiferentes – amigo y enemigo.
Un arco iris total – en cada sonido espontáneo,
y de repente en la helada a Florencia ha olido.

Tiernos brillan los labios y la sombra dorada
en redor de hondos ojos. Esta noche encendió
es faz iluminada. Y desde la noche cerrada
solamente los ojos oscuros a nosotros dejó.

Marina Tsvetáieva 19 de Julio de 1916


ALTO-ALTO. TIERNO-TIERNO
lo que silba en el abeto.
Niño de ojos negros
que yo vi en el sueño.

Tal de abetos de hojas rojas
gotea resina en ardor.
Tal en mi noche hermosa
la sierra del corazón.

Marina Tsvetáieva 8 de Agosto de 1916


SOLA RECIBÍ EL AÑO NUEVO
Rica – pobre me encontré,
alada – me encontré maldita.

Muchas manos por doquier
apretadas – y mucho vino añejo.
¡Pero, alada, me encontré maldita!
¡Pero sola se encontró la única!
Como la luna - ¡solitaria!-
con el ojo en la ventana.

Marina Tsvetáieva 31 de Diciembre de 1917


PALABRAS ESCRITAS - EN EL CIELO NEGRO,
los cegados ojos bellos…
Ante el lecho de la muerte no hay horror
y ninguna dulzura en el lecho de pasión.

¡En sudor escrito, en sudor arado!
Otro afán es el nuestro:
¡Un fuego ligero sobre los rizos bailando,-
aire de respiración, aliento!

Marina Tsvetáieva 14 de Mayo de 1918


LAS POESÍAS CRECEN COMO ESTRELLAS Y ROSAS
como la belleza, en familia innecesaria.
Pero en las coronas y en las apoteosis –
una respuesta: - ¿De dónde me irradian?

Dormimos – he aquí entre las losetas,
cuatro pétalos, el huésped de fulgor.
¡Oh mundo, comprende! En el sueño el poeta
ve la ley estelar, la cifra de la flor.

Marina Tsvetáieva 14 de Agosto de 1918


OH, NO, NINGUNO DE VOSOTROS SABE NI CONOCE
- Ni lo quiere, ni lo puede! –
¡Con qué ardor la conciencia en la hora insomne
mi joven vida zahiere!

Cómo ahoga en la almohada, cómo suena el sonsonete,
cómo susurra sin cesar esa palabra…
- ¡En qué requetemaldito infierno se convierte
mi pobre pecadito sin importancia…!

Marina Tsvetáieva Marzo de 1919



YO ESCRIBÍ EN LA PIZARRA ESCOLAR
y en los pliegues de abanicos ajados,
y en el riachuelo y en la arena del mar,
con el anillo en cristales, con el patín en lo helado,


y en troncos de primaveras cienañeros…
por fin - ¡para que todos conocieran la verdad!-
¡que te quiero, que te quiero, que te quiero!
y firmado lo he – con el arco iris celestial.

¡Cómo deseé, que cada uno floreciera
bajo mis dedos por los siglos estando!
Y cómo después la cabeza abatiera,
cruz tras cruz los nombres borrando…

Pero tú, en las manos de un escribanillo
venal, ¡amordazado! ¡me hieres el corazón!
¡Tú, no venido por mí! ¡Grabado en el anillo!
- en las tablas de la ley tienes tu salvación.

Marina Tsvetáieva 18 de Mayo de 1920


TODO EL ESPLENDOR
de las trompetas – apenas vibrar
de hierba ante ti.

Todo el esplendor
de las trompetas – apenas piar
de pájaros - ante ti.

Todo el esplendor
de las alas – apenas temblar
de párpados – ante ti.

23 de Abril de 1921



***

CANCIÓN DEL MAR

Capri, Piccola Marina

Antiguo soplo del mar,
viento de la noche, monótono:
a nadie vienes jamás;
si alguien por azar , tan tarde,
tendrá que vencerte solo:
antiguo soplo del mar
que gruñes
como en la concha original,
dilatándola
de lejos con tu espacio.

¡Ah, cómo te siente
allá arriba, la higuera vivaz
bajo la luna, oh viento!

Rainer María Rilke.

 

 

Coro 127

NADIE CONOCE el otro lado
de mi casa,
Mi esquina, en la que nací,
polvorientas guitarras
de mi pequeña y cansada calle donde
con mis pequeños pies
Salté y jugué
con mis hermanas
Y esperé por las tardes las caídas del sol
llamé a los niños
Y mamá me traía de regreso
para cenar casi siempre
Susurrantes jugosas y alineadas tortillas
y frijoles
Ese país de la Miel Pura,
de Mominu,
Donde viví millares
de millones
De incalculables
eones pesados
Cuando blanco y a la vez dichoso
era también
Centro de un lago de luz.

Jack Kerouac

***


127th Chorus

NOBODY KNOWS the other side
of my house
My corner where I was born,
dusty guitars
Of my tired little street where
with my sisters
And waited for afternoon sunfall
call a kids
And mas to bring me back
to supper mainline
Hum washing line tortillas
and beans,
That Honey Pure land,
of Mominu,
Where I lived a myriard
Kotis of millions
Of incalculable
be-aeons ago
When white while joyous
was also
Center of lake of light.

Jack Kerouac

Páginas 94 y 95.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
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